Marilyn volvió a mirar a su alrededor mientras arqueaba una ceja. ¡¿Cómo había llegado a esa situación?! ¡Ah sí! Era por culpa del dichoso de Alleric. Cuando le pillase le iba a matar lenta y dolorosamente, muy lenta y dolorosamente. Porque si él no fuese tan blandito, aquel borde de Slytherin no se hubiese metido con él, ella no les hubiese escuchado, él no la hubiera llamado muñeca, ella no le habría lanzado aquel explosivo y no estaría castigada. Conclusión: que si ahora estaba condenada a hacer “trabajos sociales” como el de camarera en el gran comedor era todo por culpa del enano ese. Su único consuelo era que el otro, ni si quiera se había molestado en aprenderse el nombre, también había sido castigado.
-¡Mariiii! -chilló la voz de un chico de extraño acento desde la mesa de Huffelpuff. -¡Un zumito por aquí!
-¡Y unas magdalenas! -dijo otro sentado a su lado.
-¡Y mucho amor! -se rió un tercero.
Marilyn se acercó a ellos de mala gana dejando el la mesa bruscamente el zumo y las magdalenas a los dos chicos que lo habían pedido. Eran tras chicos un par de años menores que ella, y parecían una gama de tonos de pelo castaño ya que sus colores iban del marrón oscuro casi negro al claro rozando el rubio. Ellos se auto denominaban El Trío Del Mal, y alguna que otra vez se habían metido en problemas con ella, por lo que tenían bastante confianza. Sus nombres eran, empezando del más moreno al más rubio, Bernard, Sammuel y Gabriel.
-Gracias. -dijo educadamente Gabriel.
-Sí, pero no des tan fuerte la mesa no tiene culpa. -habló Bernard el cual era el que tenía un acento que le hacía marcar mucho las sílabas más nasales.
-¿Y mi amor? -siguió Sammuel.
-Eso que te lo de tu madre o tu osito de peluche, Sam.
-¡Que mal humor! -sé quejó el castaño que había hecho el extraño pedido.
-¡Eso! ¡¿Qué te ha pasado?! ¡Tú antes molabas! -exclamó de modo histriónico el moreno.
-Anda que no sois exagerados. ¿Cómo estaríais vosotros si os tocase hacer estas cosas? Ya sabéis que no me gusta estar rodeada de tanta gente.
-Ya, pero las camareras tienen que ser educadas con sus clientes.
-Porque tenemos la razón.
-¿Y por qué no te has puesto un uniforme de doncella?
-¡Sam! -exclamó Marilyn junto a sus dos amigos.
-Bueno no me chilléis… que me sé mi nombre.
-¡Pues no seas mal educado! -riñó el más rubio de los tres.
-¡Qué Marilyn vestida así da miedo!
-Y tú también a callar, Bernard. Qué te mando a Barcelona de vuelta de un golpe.
-¿A quien va a mandar usted a Barcelona, señorita Sheridan? -susurró grave y ronca una voz detrás de ella cosa que hizo que un escalofrío recorriese las espaldas de los jóvenes. -Porque espero que lo hagas después de acabar con el castigo.
-Sí señor Snape… -musitó algo mosqueada.
-Y vosotros no la hagáis perder el tiempo a vuestra amiguita.
-Vale… -contestaron ellos tres sin demasiado convencimiento.
Marilyn volvió al trabajo. Era más molesto de lo que había imaginado, la gente no paraba de llamarla para que fuese de un lado a otro. Y para colmo ese era el día de las pruebas del equipo. Su hermana tenía que estar de los nervios, y verla de los nervios era algo que le hacía una cruel gracia, puesto que a Ginger le podía pasar lo más raro del mundo si no se calmaba. Iba a ser digno de verse.
Ginger apenas probaba bocado en la mesa de Gryffindor, estaba tan nerviosa que no podía comer nada, pese a la insistencia de Harry y Hermione que querían animarla.
-Ginger, venga come algo -dijo Hermione, al ver el estado de la pelirroja .
-No tengo hambre. -contestó ésta.
-¿Y de mi no te preocupas? Eres muy mala amiga. -replicó el chico pelirrojo. -yo también estoy de los nervios.
-Pero tú ya te las alegras solo. Tú te comes hasta las migas.
-¡Mira! ¡Nada! ¡No he comido nada! -se quejó él.
-Hoy vais a necesitar fuerzas -advirtió Harry.
-Ya, pero...
-Vamos, come. -dijo Harry, llenándole el plato de huevos con beicon, gachas de avena y acercándole un gran vaso de zumo de calabaza.
Ginger iba a replicar pero, al ver la mirada insistente del moreno, decidió callarse y empezar a desayunar. Desvió la mirada. Marilyn, que estaba una mesa mas alejada de ellos, veía la escena con una malvada sonrisa, ya tendría alguna idea retorcida surcándole la mente.
-Ya empiezan a aflorar tus nervios, hermanita -se dijo a sí misma con cierta risilla diabólica.
Después de atender a varios estudiantes más, se acercó a la mesa de Gryffindor, que casualmente la llamaban para hacerle unos pedidos. Se acercó donde estaba sentada su hermana con Ron, Harry y Hermione, estos dos últimos estaban intentando que Ron y Ginger desayunaran.
- Hola, chicos ¿queréis algo? -dijo la chica intentando sonar natural, aunque intentaba no reírse al ver el panorama que tenía ante sus ojos: Harry y Hermione pretendiendo calmar a sus dos amigos. Aunque Marilyn sabía que ésta, cuando estaba de los nervios, apenas podía probar bocado pero, sorprendentemente para ella, veía cómo su hermana comía.
La pelirroja sólo la miró fijamente antes de hacerle un gesto negativo con la cabeza.
-Toma .-le aconsejó la castaña a su hermana, pasándole una barrita de chocolate energética.
-No quiero nada Marilyn, gracias -contestó la pelirroja.
-Cógelo, te ayudará. -insistió Marilyn, poniéndole en la mano la barrita y diciéndole al oído para que sólo lo oyera ella -Espero que no te caigas de la escoba.
-Muy graciosa -le dijo la pelirroja a su vez por lo bajo.
Harry, que estaba observando disimuladamente la escena, decidió que se llevaría a Ron y a Ginger para que se familiarizaran con el campo de Quidditch antes de las pruebas.
-Ron, Ginger, vamos al campo. -habló el moreno Ginger, que justamente había acabado de desayunar, se levantó del asiento.
-¿Ya os vais, chicos? -preguntó Marilyn viendo, con cruel gracia, cómo el nerviosismo de su hermana iba en aumento.
-Sí, hay que prepararse -dijo él, mirando significativamente a sus dos amigos.
-Ah, ya. Bueno, yo tengo que seguir “trabajando”,tengo que llevar un café a la mesa de los verdecillos. Que tengáis más suerte que yo. -suspiró la castaña, volviendo a su castigo.
Después de despedirse de Hermione y que ésta les deseara suerte, Harry, Ron y Ginger se encaminaron al campo de Quidditch, esta última se estaba comiendo la barrita que le había dado su hermana con cara algo pensativa y aún con los nervios en el cuerpo.
Marilyn tenía complejo de depredadora, era como un felino… como una pantera. Miraba a todo el mundo con sus ojos felinos como si buscara una presa. Había gente a la cual eso le molestaba mucho, la mayoría lo ignoraban. No era más que un juego, un mero modo de pasar el rato. Si decidía que tú ibas a ser su presa ya no podrías deshacerte de ella hasta que encontrase otra más interesante. Pero ella ya había encontrado dicha víctima.
En medio de su trabajo se dirigió con paso firme y sinuoso a la mesa de aquellos a los que ella denominaba como verditos, o verdecillos, depende de cómo la pillasen ese día. Disimulando como solo ella sabía, se acercó a aquel chico, el de los cabellos rubios y mirada altiva. Allí estaba sin decir ni una sola palabra, con la mejilla apoyada en el dorso de la mano y sus ojos grises perdidos en alguna parte de la sala. Tan sumido parecía estar en sus pensamientos que ni se percató de que tenía a la chica a pocos centímetros detrás de él hasta que no vio una taza de café delante suyo.
-Tu café. -escuchó decir detrás de él.
-Yo no he pedido ningún café. -replicó saliendo de su mundo mientras se giraba sobre sí mismo para encontrarse con la sonrisilla de Marilyn.
-Lo sé, tómatelo como un regalo. -habló ella guiñando un ojo.
-¿Y quien te ha pedido que me “lo regales”?
-Nadie, pero tienes una cara muy pensativa. Pensar es malo y un poco de cafeína siempre sirve para animarse.
-Bueno, pero eso no es asunto tuyo. Métete en tus propios problemas.
-Uy chico, que carácter. En cima que estoy haciendo esto por culpa de tu amigo… ¿Cómo se llamaba? Crispis… Nunca me acuerdo de cómo se llama…
-Mira, déjame en paz.
-No eres muy simpático. Me tomaré eso como un gracias, así que de nada. Si quieres otro pídelo. -finalizó la castaña volviendo a hacerle un guiñó.
Mientras esto ocurría en el interior del edificio, fuera los tres jóvenes hacían sus planes para la temida prueba. En apariencia todo parecía ir viento en popa.
-Las condiciones son perfectas -dijo Harry, echándole un rápido vistazo alrededor.
-Sí, eso parece -corroboró Ginger, sin poder evitar que sus nervios salieran a flote.
-Ginger, Ron, ¿podéis ir a los vestuarios a por las pelotas? y ya de paso vais a por las escobas -pidió Harry, más que nada para que a los dos pelirrojos se les pasaran un poco los nervios.
-De acuerdo -dijeron ambos, y se encaminaron hacia los vestuarios.
Mientras tanto, Harry esperaba a los demás aspirantes.
Ginger y Ron volvían de los vestuarios cargando la caja donde se metían las pelotas asiendo cada uno un asa de la misma y en la otra mano su escoba. A Ginger le temblaban tanto las manos que hacía tambalearse la caja entera, por lo que a Ron se le hacía más difícil llevarla, pero no dijo nada al respecto. Al mismo tiempo que ellos iban a donde se encontraba Harry, también iban llegando quien se presentaba a las pruebas.
Dejaron la caja a los pies del moreno, se pusieron algo más alejados y esperaron a los demás, hasta que estuvieron todos alrededor de Harry, que estaba sorprendido de la cantidad de gente que se había presentado.
Pese a los nervios que tenía por ser el capitán, se hizo oír.
-Bueno, primero vamos a ver cómo os manejáis encima de la escoba. Quiero que, uno a uno, deis una vuelta al campo montados en las escobas. Empezarán los de primer año.
Lo que no sabía ninguno de los presentes es que Harry había decidido que empezaran los de primero para que Ginger se tranquilizara, ya que sus nervios iban aumentando. Todos lo hacían más o menos bien, pero los nervios los traicionaban haciendo que casi se cayeran de la escoba o se dieran de bruces contra los postes de gol. Los más mayores tuvieron que esperar un poco más porque tuvieron que tranquilizar a los de primer año, que tenían un berrinche monumental (debido más que nada a los golpes dados).
Luego siguió el resto, con mejores resultados, hasta llegar a Ginger que, con los nervios a flor de piel, se montó en su escoba, se elevó en el aire y dio la vuelta entera sin ningún percance.
Después siguieron los demás, hasta que por fin todos hicieron la prueba.
Luego de tres horas, Harry tenía al equipo formado: Natalie McDonald, Ginny Weasley y Ginger Sheridan (esta última casi saltaba de la alegría) eran las cazadoras; Colin y Dennis Creevey los golpeadores y Ron el guardián.
Eran los únicos que quedaban en el campo puesto que los otros, al no ser elegidos, se fueron yendo uno a uno, desilusionados.
-Lo habéis hecho muy bien -dijo Harry, mirando a su nuevo equipo con una gran sonrisa, la cual le devolvieron -el próximo entrenamiento es el viernes que viene. Podéis iros.
Todos se fueron a los vestuarios a cambiarse para después volver al castillo. Los últimos en salir fueron Harry y Ron, que se quedaron fuera para esperar a Ginger y a la hermana del pelirrojo. Cuando salió, 5 minutos después, se dirigieron de vuelta al castillo. Había sido un día muy duro, y muy estresante para todos lo que pasaban las pruebas. Pero el resultado había sido realmente satisfactorio. Había conseguido entrar en la competición.
-¿Esa era la última bandeja? -preguntó tímidamente un pequeño elfo en la cocina.
-No… aun quedan unas cuantas. -contestó Marilyn un poco cansada ya de recoger lo que antes tuvo que llevar. Eso era agotador, menos mal que solo serían los fines de semana. -Voy a por la siguiente tanda.
La chica volvió a andar hasta las mesas cargando con su bandeja metálica mientras miraba como “Crispis” también trabajaba de mala gana, nunca se aprendería su nombre. La verdad es que Marilyn tenía la mala manía de que si no le llamabas la atención ni si quiera se percataba de tu existencia. Se podría decir que estabas a salvo de ella. Pensando en ese tema por su cabeza se pasó la imagen del chico rubio.
-Ese si que lo recuerdo. -dijo para sí misma. -Se llamaba Draco Malfoy, lo sé porque es un nombre de lo más raruno. Creo que a los amigos de Gingi no les gusta nada… Pena, es una monada. Ay Mari… Los rubios siempre han sido tu debilidad, aunque es verdad que se le ve muy antipático… ¿Se habrá bebido al final el café?
Se calló un momento, sí, entre todas las rarezas, manías y demás cosas de la Sheridan menor hablar sola era una. Las demás eran innumerables… Pero la principal era su constante búsqueda de retos, y delante suya había una clara invitación a uno. La taza de café seguía llena, y en la misma posición que ella la había dejado. Y no solo eso si no que para colmo había dejado un papel en el que ponía. “No lo quiero.”
-Valla… Si que es antipático. Pero no donde se mete la monada. Rubio y desagradable. La combinación perfecta. -se río la chica de un modo un poco siniestro. -Al final va a ser más divertido de lo que me había imaginado.
… A lo mejor acaba por gustarte.