miércoles, 14 de septiembre de 2011

3. Invitación a competir.

Cuando algo no te sale como habías planeado, intenta disfrutarlo al máximo…

Marilyn volvió a mirar a su alrededor mientras arqueaba una ceja. ¡¿Cómo había llegado a esa situación?! ¡Ah sí! Era por culpa del dichoso de Alleric. Cuando le pillase le iba a matar lenta y dolorosamente, muy lenta y dolorosamente. Porque si él no fuese tan blandito, aquel borde de Slytherin no se hubiese metido con él, ella no les hubiese escuchado, él no la hubiera llamado muñeca, ella no le habría lanzado aquel explosivo y no estaría castigada. Conclusión: que si ahora estaba condenada a hacer “trabajos sociales” como el de camarera en el gran comedor era todo por culpa del enano ese. Su único consuelo era que el otro, ni si quiera se había molestado en aprenderse el nombre, también había sido castigado.

-¡Mariiii! -chilló la voz de un chico de extraño acento desde la mesa de Huffelpuff. -¡Un zumito por aquí!
-¡Y unas magdalenas! -dijo otro sentado a su lado.
-¡Y mucho amor! -se rió un tercero.

Marilyn se acercó a ellos de mala gana dejando el la mesa bruscamente el zumo y las magdalenas a los dos chicos que lo habían pedido. Eran tras chicos un par de años menores que ella, y parecían una gama de tonos de pelo castaño ya que sus colores iban del marrón oscuro casi negro al claro rozando el rubio. Ellos se auto denominaban El Trío Del Mal, y alguna que otra vez se habían metido en problemas con ella, por lo que tenían bastante confianza. Sus nombres eran, empezando del más moreno al más rubio, Bernard, Sammuel y Gabriel.

-Gracias. -dijo educadamente Gabriel.
-Sí, pero no des tan fuerte la mesa no tiene culpa. -habló Bernard el cual era el que tenía un acento que le hacía marcar mucho las sílabas más nasales.
-¿Y mi amor? -siguió Sammuel.
-Eso que te lo de tu madre o tu osito de peluche, Sam.
-¡Que mal humor! -sé quejó el castaño que había hecho el extraño pedido.
-¡Eso! ¡¿Qué te ha pasado?! ¡Tú antes molabas! -exclamó de modo histriónico el moreno.
-Anda que no sois exagerados. ¿Cómo estaríais vosotros si os tocase hacer estas cosas? Ya sabéis que no me gusta estar rodeada de tanta gente.
-Ya, pero las camareras tienen que ser educadas con sus clientes.
-Porque tenemos la razón.
-¿Y por qué no te has puesto un uniforme de doncella?
-¡Sam! -exclamó Marilyn junto a sus dos amigos.
-Bueno no me chilléis… que me sé mi nombre.
-¡Pues no seas mal educado! -riñó el más rubio de los tres.
-¡Qué Marilyn vestida así da miedo!
-Y tú también a callar, Bernard. Qué te mando a Barcelona de vuelta de un golpe.
-¿A quien va a mandar usted a Barcelona, señorita Sheridan? -susurró grave y ronca una voz detrás de ella cosa que hizo que un escalofrío recorriese las espaldas de los jóvenes. -Porque espero que lo hagas después de acabar con el castigo.
-Sí señor Snape… -musitó algo mosqueada.
-Y vosotros no la hagáis perder el tiempo a vuestra amiguita.
-Vale… -contestaron ellos tres sin demasiado convencimiento.

Marilyn volvió al trabajo. Era más molesto de lo que había imaginado, la gente no paraba de llamarla para que fuese de un lado a otro. Y para colmo ese era el día de las pruebas del equipo. Su hermana tenía que estar de los nervios, y verla de los nervios era algo que le hacía una cruel gracia, puesto que a Ginger le podía pasar lo más raro del mundo si no se calmaba. Iba a ser digno de verse.

Ginger apenas probaba bocado en la mesa de Gryffindor, estaba tan nerviosa que no podía comer nada, pese a la insistencia de Harry y Hermione que querían animarla.
-Ginger, venga come algo -dijo Hermione, al ver el estado de la pelirroja .
-No tengo hambre. -contestó ésta.
-¿Y de mi no te preocupas? Eres muy mala amiga. -replicó el chico pelirrojo. -yo también estoy de los nervios.
-Pero tú ya te las alegras solo. Tú te comes hasta las migas.
-¡Mira! ¡Nada! ¡No he comido nada! -se quejó él.
-Hoy vais a necesitar fuerzas -advirtió Harry.
-Ya, pero...
-Vamos, come. -dijo Harry, llenándole el plato de huevos con beicon, gachas de avena y acercándole un gran vaso de zumo de calabaza.

Ginger iba a replicar pero, al ver la mirada insistente del moreno, decidió callarse y empezar a desayunar. Desvió la mirada. Marilyn, que estaba una mesa mas alejada de ellos, veía la escena con una malvada sonrisa, ya tendría alguna idea retorcida surcándole la mente.

-Ya empiezan a aflorar tus nervios, hermanita -se dijo a sí misma con cierta risilla diabólica.

Después de atender a varios estudiantes más, se acercó a la mesa de Gryffindor, que casualmente la llamaban para hacerle unos pedidos. Se acercó donde estaba sentada su hermana con Ron, Harry y Hermione, estos dos últimos estaban intentando que Ron y Ginger desayunaran.

- Hola, chicos ¿queréis algo? -dijo la chica intentando sonar natural, aunque intentaba no reírse al ver el panorama que tenía ante sus ojos: Harry y Hermione pretendiendo calmar a sus dos amigos. Aunque Marilyn sabía que ésta, cuando estaba de los nervios, apenas podía probar bocado pero, sorprendentemente para ella, veía cómo su hermana comía.
La pelirroja sólo la miró fijamente antes de hacerle un gesto negativo con la cabeza.
-Toma .-le aconsejó la castaña a su hermana, pasándole una barrita de chocolate energética.
-No quiero nada Marilyn, gracias -contestó la pelirroja.
-Cógelo, te ayudará. -insistió Marilyn, poniéndole en la mano la barrita y diciéndole al oído para que sólo lo oyera ella -Espero que no te caigas de la escoba.
-Muy graciosa -le dijo la pelirroja a su vez por lo bajo.

Harry, que estaba observando disimuladamente la escena, decidió que se llevaría a Ron y a Ginger para que se familiarizaran con el campo de Quidditch antes de las pruebas.

-Ron, Ginger, vamos al campo. -habló el moreno Ginger, que justamente había acabado de desayunar, se levantó del asiento.
-¿Ya os vais, chicos? -preguntó Marilyn viendo, con cruel gracia, cómo el nerviosismo de su hermana iba en aumento.
-Sí, hay que prepararse -dijo él, mirando significativamente a sus dos amigos.
-Ah, ya. Bueno, yo tengo que seguir “trabajando”,tengo que llevar un café a la mesa de los verdecillos. Que tengáis más suerte que yo. -suspiró la castaña, volviendo a su castigo.

Después de despedirse de Hermione y que ésta les deseara suerte, Harry, Ron y Ginger se encaminaron al campo de Quidditch, esta última se estaba comiendo la barrita que le había dado su hermana con cara algo pensativa y aún con los nervios en el cuerpo.

Marilyn tenía complejo de depredadora, era como un felino… como una pantera. Miraba a todo el mundo con sus ojos felinos como si buscara una presa. Había gente a la cual eso le molestaba mucho, la mayoría lo ignoraban. No era más que un juego, un mero modo de pasar el rato. Si decidía que tú ibas a ser su presa ya no podrías deshacerte de ella hasta que encontrase otra más interesante. Pero ella ya había encontrado dicha víctima.

En medio de su trabajo se dirigió con  paso firme y sinuoso a la mesa de aquellos a los que ella denominaba como verditos, o verdecillos, depende de cómo la pillasen ese día. Disimulando como solo ella sabía, se acercó a aquel chico, el de los cabellos rubios y mirada altiva. Allí estaba sin decir ni una sola palabra, con la mejilla apoyada en el dorso de la mano y sus ojos grises perdidos en alguna parte de la sala. Tan sumido parecía estar en sus pensamientos que ni se percató de que tenía a la chica a pocos centímetros detrás de él hasta que no vio una taza de café delante suyo.

-Tu café. -escuchó decir detrás de él.
-Yo no he pedido ningún café. -replicó saliendo de su mundo mientras se giraba sobre sí mismo para encontrarse con la sonrisilla de Marilyn.
-Lo sé, tómatelo como un regalo. -habló ella guiñando un ojo.
-¿Y quien te ha pedido que me “lo regales”?
-Nadie, pero tienes una cara muy pensativa. Pensar es malo y un poco de cafeína siempre sirve para animarse.
-Bueno, pero eso no es asunto tuyo. Métete en tus propios problemas.
-Uy chico, que carácter. En cima que estoy haciendo esto por culpa de tu amigo… ¿Cómo se llamaba? Crispis… Nunca me acuerdo de cómo se llama…
-Mira, déjame en paz.
-No eres muy simpático. Me tomaré eso como un gracias, así que de nada. Si quieres otro pídelo. -finalizó la castaña volviendo a hacerle un guiñó.

Mientras esto ocurría en el interior del edificio, fuera los tres jóvenes hacían sus planes para la temida prueba. En apariencia todo parecía ir viento en popa.

-Las condiciones son perfectas -dijo Harry, echándole un rápido vistazo alrededor.
-Sí, eso parece -corroboró Ginger, sin poder evitar que sus nervios salieran a flote.
-Ginger, Ron, ¿podéis ir a los vestuarios a por las pelotas? y ya de paso vais a por las escobas -pidió Harry, más que nada para que a los dos pelirrojos se les pasaran un poco los nervios.
-De acuerdo -dijeron ambos, y se encaminaron hacia los vestuarios.
Mientras tanto, Harry esperaba a los demás aspirantes.

Ginger y Ron volvían de los vestuarios cargando la caja donde se metían las pelotas asiendo cada uno un asa de la misma y en la otra mano su escoba. A Ginger le temblaban tanto las manos que hacía tambalearse la caja entera, por lo que a Ron se le hacía más difícil llevarla, pero no dijo nada al respecto. Al mismo tiempo que ellos iban a donde se encontraba Harry, también iban llegando quien se presentaba a las pruebas.
Dejaron la caja a los pies del moreno, se pusieron algo más alejados y esperaron a los demás, hasta que estuvieron todos alrededor de Harry, que estaba sorprendido de la cantidad de gente que se había presentado.

Pese a los nervios que tenía por ser el capitán, se hizo oír.
-Bueno, primero vamos a ver cómo os manejáis encima de la escoba. Quiero que, uno a uno, deis una vuelta al campo montados en las escobas. Empezarán los de primer año.

Lo que no sabía ninguno de los presentes es que Harry había decidido que empezaran los de primero para que Ginger se tranquilizara, ya que sus nervios iban aumentando. Todos lo hacían más o menos bien, pero los nervios los traicionaban haciendo que casi se cayeran de la escoba o se dieran de bruces contra los postes de gol. Los más mayores tuvieron que esperar un poco más porque tuvieron que tranquilizar a los de primer año, que tenían un berrinche monumental (debido más que nada a los golpes dados).
Luego siguió el resto, con mejores resultados, hasta llegar a Ginger que, con los nervios a flor de piel, se montó en su escoba, se elevó en el aire y dio la vuelta entera sin ningún percance.
Después siguieron los demás, hasta que por fin todos hicieron la prueba.
Luego de tres horas, Harry tenía al equipo formado: Natalie McDonald, Ginny Weasley y Ginger Sheridan (esta última casi saltaba de la alegría) eran las cazadoras; Colin y Dennis Creevey los golpeadores y Ron el guardián.

Eran los únicos que quedaban en el campo puesto que los otros, al no ser elegidos, se fueron yendo uno a uno, desilusionados.
-Lo habéis hecho muy bien -dijo Harry, mirando a su nuevo equipo con una gran sonrisa, la cual le devolvieron -el próximo entrenamiento es el viernes que viene. Podéis iros.

Todos se fueron a los vestuarios a cambiarse para después volver al castillo. Los últimos en salir fueron Harry y Ron, que se quedaron fuera para esperar a Ginger y a la hermana del pelirrojo. Cuando salió, 5 minutos después, se dirigieron de vuelta al castillo. Había sido un día muy duro, y muy estresante para todos lo que pasaban las pruebas. Pero el resultado había sido realmente satisfactorio. Había conseguido entrar en la competición.

-¿Esa era la última bandeja? -preguntó tímidamente un pequeño elfo en la cocina.
-No… aun quedan unas cuantas. -contestó Marilyn un poco cansada ya de recoger lo que antes tuvo que llevar. Eso era agotador, menos mal que solo serían los fines de semana.  -Voy a por la siguiente tanda.
La chica volvió a andar hasta las mesas cargando con su bandeja metálica mientras miraba como “Crispis” también trabajaba de mala gana, nunca se aprendería su nombre. La verdad es que Marilyn tenía la mala manía de que si no le llamabas la atención ni si quiera se percataba de tu existencia. Se podría decir que estabas a salvo de ella. Pensando en  ese tema por su cabeza se pasó la imagen del chico rubio.

-Ese si que lo recuerdo. -dijo para sí misma. -Se llamaba Draco Malfoy, lo sé porque es un nombre de lo más raruno. Creo que a los amigos de Gingi no les gusta nada… Pena, es una monada. Ay Mari… Los rubios siempre han sido tu debilidad, aunque es verdad que se le ve muy antipático… ¿Se habrá bebido al final el café?

Se calló un momento, sí, entre todas las rarezas, manías y demás cosas de la Sheridan menor hablar sola era una. Las demás eran innumerables… Pero la principal era su constante búsqueda de retos, y delante suya había una clara invitación a uno. La taza de café seguía llena, y en la misma posición que ella la había dejado. Y no solo eso si no que para colmo había dejado un papel en el que ponía. “No lo quiero.”

-Valla… Si que es antipático. Pero no donde se mete la monada. Rubio y desagradable. La combinación perfecta. -se río la chica de un modo un poco siniestro. -Al final va a ser más divertido de lo que me había imaginado.

… A lo mejor acaba por gustarte.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Capítulo 2: Cuatro cervezas y un café.


“Conocer gente nueva no es tan fácil como muchas veces nos gustaría…”

Harry entra por el retrato de la Dama Gorda a la sala común, donde encuentra a Ron y a Hermione jugando una partida de ajedrez mágico. Estaban ambos tan afanados en su competición que ni siquiera se percataron de que el moreno había llegado hasta que no le tuvieron a menos de dos metros.

-Por fin Harry, ¿dónde estabas? -se quejó Hermione al verle acercarse.
-Conociendo a alguien -respondió sin más pero al ver la mirada extrañada de ambos, decidió explicarse. -Estaba volando en el campo de quidditch, por el entrenamiento de esta tarde -comenzó, a lo que Ron asiente con la cabeza. -Cuando veo que entra una chica al campo.
- Sería Ginny -dedujo Hermione.
-Eso pensé yo, pero no.
-Entonces, ¿quién era?
-Ginger, también es de Gryffindor.
-¿De Gryffindor? -preguntaron Ron y Hermione al unísono.
-Sí, yo me llevé la misma sorpresa.
-¿Y qué pasó después? -preguntó Ron.
-Estábamos hablando cuando de repente suena una explosión, desciende al terreno de juego y se va corriendo para ver qué sucedía.
-Sí, es cierto la explosión se oyó desde aquí. ¿Y tú qué hiciste?
-Ir detrás de ella, estaba preocupado.
-¿Adónde fuisteis?
-Al laboratorio de pociones, y allí nos encontramos con su hermana.
-¿La que causó la explosión? -preguntó Hermione, sorprendida.
-Sí.
-¿Y luego?
-¿Qué es esto un interrogatorio? Tuvieron una “interesante” charla de hermanas -contesta Harry.
- Por eso te has retrasado, ¿no?
- Sí.
- ¿Y cómo son? -volvió a cuestionar Hermione.
- Luego lo sabréis -dice Harry.
- ¿Por?
- Porque las he invitado a la excursión de Hogsmeade, ¿no os importa?
- No, que vengan y así las conocemos -respondió Hermione. -¿Pero se puede saber como se llaman?
-Sí, son Ginger y Marilyn Sheridan.
-¡¿Las Sheridan?! -exclamó Ron con tono alarmado.
-¿Las conoces?
-No… pero he oído que una de ellas está loca de remate.
-¿Y quien te ha dicho eso?
-Mis hermanos.
-¡Ja! Como si tus hermanos fueran una fuente fiable. -se rió la castaña.
-¿Recuerdas que una ha causado una explosión? -repuso él.
-Bueno… en eso tienes razón.
-Puede que tengas algo de razón. Pero hay que darle a la gente una oportunidad ¿no?

En la biblioteca, Ginger estaba terminando sus tareas. Tenía problemas para los estudios, sobre todo con los trabajos, por eso tenía que esforzarse más para poder conseguir unos resultados satisfactorios. Al terminar lo recoge todo mecánicamente, cerciorándose de que no se deja nada y se va a buscar a su hermana para decirle la hora y el lugar en el que han quedado con Harry y sus amigos, ya que ella se ha ido sin saberlo. Todo parecía rutinario, en el fondo se alegraba de haber coincidido con alguien que no fuese su hermana, cambiar de aires la vendría bien.

- Esta chica no tiene solución -se decía a sí misma mientras caminaba por los pasillos del castillo.
Estaba segura de que encontraría a su hermana debajo del árbol que había junto al lago, posiblemente intentando encontrar algo nuevo entre la hojarasca. Y no se equivocaba: al llegar, la vio subida a la rama más baja intentando ver algo entre las hojas.

-Marilyn -llamó a la chica, que estaba bastante entretenida como para oírla. Ginger estaba parada justo enfrente de ella, esperando pacientemente, pero al ver que no la hacía ni caso, decidió elevar un poco el tono de voz. -¡Marilyn! -insistió casi gritando.

La aludida gira la cabeza en la dirección de la voz y se encuentra a su hermana delante de ella, con sus deberes en los brazos. Ella en cambio era algo ociosa, hacía sus tareas a última hora debería de aprender algo de disciplina, y lo intentaba pero a los dos minutos se aburría y continuaba con sus cosas.

-Hola Gin, ¿ya has terminado todo lo que tenías que hacer? -le pregunta Marilyn.
-Sí, ya lo he hecho todo, ¿y tú?, porque te veo bastante despreocupada.
-Yo lo acabé todo hace un siglo, hermanita.
-Menuda mentirosa, como si no te conociese. Vine a buscarte, Marilyn.
-¿Para qué? –pregunta ella, volviendo a mirar entre las hojas.
-Para decirte la hora y el lugar donde hemos quedado con Harry y sus amigos.
Marilyn se queda mirando fijamente a su hermana.
-¡Ah, sí! La excursión de esta tarde. ¿Y has venido expresamente para decírmelo? Pero qué buena eres, hermanita. -siguió con una sonrisa.
-Sí, muy buena. Es a las cinco en punto en la Taberna de las Tres Escobas.
-Muy bien. -Marilyn se quedó pensativa mirando fijamente a su hermana.
-Por cierto, Gin...
-Dime.
-Ese chico, Harry... es realmente muy guapo, ¿verdad?
-Marilyn, no empieces otra vez.
-Vale, no insisto más.
Ginger mira su reloj y ve con sorpresa que ya es la hora del almuerzo.
-Vaya, ya es la hora de comer, ¿vamos al Gran Comedor, Marilyn?
-¿Qué te parece si mejor nos vamos a las cocinas? Me apetece mejor comer con tranquilidad, sin tanto escándalo, ¿no crees?
-Tú al revés de todo el mundo, ¿verdad?
-Claro, ya me conoces.
-Vale, de acuerdo.

Así que las dos emprenden el camino hacia las cocinas. Marilyn siempre lograba arrastrar a su hermana, con su actitud separatista era normal que nadie la conociese. A Ginger le gustaría tener muchos amigos pero como era tan sobre protectora con su hermana menor no se relacionada con nadie con el que lo hiciese ella. Grupo que por cierto era tremendamente escaso. Si era verdad que Marilyn tenía una amiga con la que pasaba largas horas mientras ella estudiaba o por las noches, ella no había encontrado a nadie así con el que tener esas confianzas.

La compañera de la menor de las hermanas era una chica de cabellos rubios, casi albinos, de aspecto aniñado y vocecilla prácticamente inaudible. Eran muy opuestas pero desde que las hicieron compartir habitación habían congeniado bien ya que ambas eran lo que suele conoces como “raras”.

Por eso a veces envidiaba a su hermana. Pero ahora el destino le daba otra oportunidad para conocer gente nueva. ¡Y no cualquier gente! ¡El mismísimo Harry Potter! Estaba algo nerviosa, tanto que la tarde se le pasó volando, en seguida llegó la hora en la que tendrían que salir.

Marilyn abrió la puerta de Las Tres Escobas, ella fue la primera en entrar a la taberna seguida por su hermana que hasta para eso parecía menos decidida. Las chicas escanearon el lugar con sus ojos amarillentos hasta que encontraron a el moreno sentado en una mesa entre una chica castaña y un chico pelirrojo. El chico de los ojos verdes las hizo una señal con la mano a modo de bienvenida tras la cual ellas se acercaron.

-Hola de nuevo. -saludó la hermana de pelo marrón.
-Hola, esperad que os presente. Estos son mis amigos Ron y Hermione, y ellas son Ginger y Marilyn Sheridan. -explicó él.
-Encantada. -contestó Hermione educadamente.
-Sí, un placer. -siguió el otro chico.
-Igualmente. -habló Ginger en nombre de las dos.
-Oye, Ron. -empezó Marilyn mientras se sentaba en la mesa enfrente del aludido. -¿Tu eres el hermano de Fred y George?
-Sí. ¿Cómo lo has sabido?
-Pues tampoco era muy complicado, los pelirrojos no sois muy comunes. -dijo ella con una intrigante y amable sonrisa -Bueno, si les ves les dices que me tienen que traer una nueva caja de piruetas mil colores. Por fa. Es que llevo una semana sin probarlas y tengo síndrome de abstinencia.
-Vale, yo se lo digo, debes de ser a la única que le gustan esas cosas.
-La verdad es que a Marilyn parece gustarle todo lo que el resto del  mundo odia. -aclaró su hermana intentando hablar tímidamente.
-Jeje, si soy bastante rara. Pero mi hermana es una buena chica. -siguió la morena dándola un codazo intentando que fuese ella la que se abriese.
- Sí, yo soy la hermana buena, como me suelen decir -dijo Ginger intentando ser natural, pese a que estaba bastante nerviosa.
- Sí, se te nota -musitó Ron, sorprendido del carácter de Ginger, que, a su parecer, era bastante diferente al de su hermana.

Hermione, como veía que la pelirroja quería soltarse, decidió ayudarla a que lo hiciese puesto que parecía costarla, al menos más que a la otra.

- Bueno Ginger, Harry nos ha contado que os habéis conocido en el campo de quidditch.
-Sí, estaba haciendo algunas prácticas antes de la prueba de selección del equipo -contestó Ginger.
-¿Te gusta el quidditch? -inquirió Ron.
-Sí, lo practico desde que era pequeña.
-Vuela bastante bien -corroboró Harry.
-Bueno, aún me falta mucha práctica -dijo Ginger, algo sonrojada pero sonriendo agradecida bajo la atenta mirada de su hermana que, con una sonrisa veía cómo ella se iba abriendo poco a poco. -Como veo que esto va para largo, voy a pedir algo para beber.
-Ya que estás, ¿podrías traer tres cervezas de mantequilla, por favor? ¿Tú quieres una, Ginger? -preguntó Hermione.
-¿Cerveza de mantequilla? Nunca la he probado -confiesa la aludida.
-¿No? ¿Quieres probarla? Te gustará -sugiere Harry.
-Vale, de acuerdo.
-Entonces son cuatro cervezas de mantequilla, ¿verdad? -pregunta Marilyn, a lo que los presentes asienten. -De acuerdo -dice, haciendo ademán de ir hacia la barra del bar.
-¿Y tú qué vas a tomar? -preguntó Ron.
-No sé, ya lo prensaré -contestó la castaña, yendo hacia la barra.

Lo que no sabían los tres chicos es que Marilyn se había ofrecido a ir a por las bebidas expresamente para que su hermana hablara más con ellos, algo que sabía perfectamente la pelirroja, aunque no dijo nada al respecto. Marilyn de todos modos ya encontraría algún entretenimiento en la barra.

- Has dicho que quieres hacer las pruebas para el equipo, ¿en qué puesto te gustaría que te cogieran? -preguntó Ron.
- Pues no sé, en el que se me dé mejor, no lo he pensado -contestó Ginger, pensando.
-Espero que no tengamos que ser rivales, yo también voy a presentarme. -rió el pelirrojo.
-Espero que no. ¿De que quieres jugar tú?
-Guardián.
-Pues intentaré jugar en otro puesto. -comentó ella sonriente.
- Bueno, si entras al equipo, ya veré en qué puesto quedas mejor -responde Harry.  Viendo la mirada extrañada de Ginger, le explica. -Es que soy el capitán del equipo.
-Ah, vale. No lo sabía -confiesa la pelirroja casi tan colorada como su pelo.
-No pasa nada, no me gusta ir alardeando de ello.
-Seguro que los dos lo hacéis muy bien. -animó la castaña. -Y si eres mejor guardiana que este, que se fastidie.
-¡Pero bueno! ¡Ten amigas para esto!
-Lo siento ella es una chica, las chicas nos hemos de apoyar mutuamente.
-Esto es un acoso y derribo. -se quejó él en el momento en el que llegó Marilyn con las bebidas.
-Aquí estoy, siento haber tardado tanto.
-Eso digo yo, ¿dónde estabas? -preguntó Gin, mirando a su hermana.
- Había bastante gente delante -contestó ella, mandándole una significativa mirada a su hermana.
-¿Qué te has pedido, Marilyn? -cuestionó curiosa Hermione.
-Café -responde ella, cogiendo su taza y dándole un pequeño sorbo. -¡Uy! Quema…
-¿A estas horas? -inquirió Harry.
-Sí, me da energía.
-¿Más de la que tienes? No lo creo. -habló Ginger, lanzándole una rápida mirada y una sonrisa a su hermana.
-Ya me conoces, hermanita -dijo Marilyn, respondiendo a la sonrisa de su hermana.

Estando ellos conversando, pasa a su lado un chico rubio bastante delgado en medio de otros dos que, yendo así, parecían sus guardaespaldas. El rubio pasó de largo ignorándoles pese a que claramente les había visto e incluso les había regalado una mirada bastante despectiva. Pero uno de sus acompañantes miró de mala manera muy especialmente a Marilyn que notó aquella mirada clavándose en su coronilla. Se giró sobre la silla encontrándose al chico que aquella esa misma mañana la había llamado muñeca.

-¿Te has recuperado ya? -se rió ella en tono jocoso.
-Te parecerá bonito. Vas a pagármelas… -amenazó el chico que parecía un armario junto al otro que desde luego no se quedaba atrás.
-¿Qué vas a hacer? ¿Chivarte a la profe? -siguió burlándose desde su silla.
-No sabes bien con quienes te metes. -bramó el otro.
-Creo que voy a tener que dormir con la luz encendida del miedo que tengo. -ironizó la chica con rostro temerario.
-¡Vosotros dos! -exclamó el rubio que se había adelantado unos metros. -¡¿Os pensáis quedar ahí todo el día?!

Y sin mediar ni una sola palabra más volvieron a flanquear al otro joven. Marilyn les siguió con la mirada y una extraña sonrisa hasta que los tres salieron por la puerta. No por ninguno de los dos que se habían parado a “conversar” amablemente con ella, si no por el tercer acompañante que llevaban.

-Qué monada… -murmuró para si misma para que ninguno de los presentes la oyesen.
-Menudo humor de perros tiene últimamente el señorito. -habló Ron en tono molesto.
-Lo dices como si alguna vez hubiera sido simpático. -puntualizó Hermione.
-Pero tiene razón en que está especialmente raro. Como si ocultase algo. -siguió el moreno.
-Bueno, ya está el otro con sus paranoias. -se quejó la castaña.
-¿Habláis del rubio que acaba de pasar? -preguntó Marilyn con esa sonrisa traviesa que la caracterizaba.
-Sí, es Draco Malfoy es de Slytherin. -informó Hermione.
-La rata más grande de Slytherin. -inquirió el pelirrojo.
-¿De los verdecillos? Ahora que lo dices me suena haberlo visto. -habló la morena sin quitar sus ojos amarillentos de la puerta por la que el aludido había dejado la taberna.
-Marilyn, espero que no estés tramando una de las tuyas. -dijo Ginger en tono firme. -Ya te has metido en muchos problemas con lo de hoy.
-Descuida, no tramo nada. Además esos chicos no me dan miedo.
-Pero lo que da miedo es el castigo que te pondrán los profesores. -indicó el chico de gafas.
-Creo que eso tampoco me asusta. Y ahora cambiemos de tema… -finalizó con media sonrisa.

No podrían decir exactamente cuanto tiempo hablaron ni de cuantos temas. Pero lo que si es cierto es que Ginger se logró sentir por una vez integrada y aceptada. Hasta le parecía que podría llegar a hacerse amiga de esos chicos.

“… pero a veces solo necesitamos un empujón, o codazo, para hacerlo.”

lunes, 18 de julio de 2011

Capítulo 1: El primer encuentro.

“¿Crees en las casualidades? Yo sí, ellas son parte de lo inevitable…”

Era un día normal, como tantos otros días en la vida de una persona. Todo apuntaba a que no habría ningún sobresalto, ningún accidente, nada que hiciese ese día diferente ni del anterior ni del siguiente. Pero que ese día pareciese ser tan estereotípico era lo que resultaba más extraño de todo.

 Harry sobrevolaba el campo de quidditch horas antes del entrenamiento. Iba a dar la cuarta vuelta cuando, desde su posición, vio a una persona entrar al campo. Ésta se monta en la escoba y asciende a la altura de los postes de gol, observada todo el tiempo por Harry que, sorprendido por la habilidad en el manejo de la escoba del desconocido, decide observarle. Cuando éste terminó y hace un pequeño descanso, Harry se acercó un poco más y descubre que es una chica, concretamente de su propia casa. A causa de su larga melena pelirroja lo primero que pensó era que se trataba de Ginny, pero a medida que se la distancia entre ellos se acortaba iba dándose cuenta de que no era así. Aunque nunca había hablado con ella ni sabía de quien se trataba.
Al ver que no se atrevía a dar el paso, decidió presentarse.

-Buenos días. 
-Buenos días -respondió la chica.
-Creo que no nos hemos presentado. Soy Harry Potter, y tú ¿cómo te llamas?
- Me llamo Ginger Sheridan, ¿has dicho que te llamas Harry Potter?
-Sí, aunque me imagino que ya me conoces, ¿no?
- Sí, pero nunca me había atrevido a hablar contigo, como ves soy muy tímida.
- Ya veo.
Ginger le mira y le sonríe un poco avergonzada. Al ver su timidez, Harry le pregunta.
- ¿Es la primera vez que montas en una escoba?
- No, hace tiempo que lo hago.
- Pues se te da muy bien -le dijo sonriéndole Harry.

Ginger le devuelve la sonrisa agradecida apartando tímidamente sus ojos color miel.
En plena conversación llegó el estruendoso sonido de una explosión que casi hace caer a Ginger de su escoba y, sabiendo de dónde provenía, aterrizó de nuevo en el campo con Harry corriendo detrás de ella, preocupado y muy sorprendido.

-Es… espera… -intentó decirle siguiéndola como pudo.

***

Marilyn siempre estaba encerrada en el laboratorio de pociones haciendo experimentos. Difícilmente se la veía relacionarse con alguien que no fuese su compañera de cuarto o su hermana mayor. Parecía que el resto de personas la aburrían hasta la saciedad, en realidad todo menos los retos que se auto imponía le resultaba tedioso. Las pociones eran parte de esos retos, siempre quería hacer cosas nuevas.

Desvió sus ojos amarillentos a la ventana, le parecía haber escuchado algo. Se acercó sin ni siquiera dejar los frascos en la mesa. Unos veinte metros por debajo de ella uno de los matones que había en aquel colegio se metía con uno de sus compañeros de clase. 

-Ese chico siempre se mete en líos… -musitó pese a que sabía que desde esa altura no la escucharían. -¡Tú! -exclamó. -¿Por qué no te metes con alguien de tu tamaño?
-Ma… Marilyn… -dijo el chico que llevaba la misma corbata azul y rayada.
-Cállate un poco Alleric. 
-¿Te va a tener que salvar una chica? -se burló el otro.
-Lo de cállate también va por ti. -volvió a hablar la chica con tono de superioridad.
-¿Qué me vas a hacer, muñeca? 

Después de eso la chica se ocultó de nuevo en el interior de la sala pero solo para aparecer unos segundos después con una bolita negra en la mano izquierda. Soltó la esfera sin decir ni una sola palabra.

-¿Qué es esto? -preguntó el agresor agarrándola al vuelo con la mano.
-Cabúm… -susurró ella.

En ese momento la bola dio un fuerte y estruendoso estallido llenando todo el alrededor de un denso humo violeta. La bomba no era peligrosa, ella lo sabía puesto que la había echo con sus propias manos, solo tenía un gas que mareaba un poco al que lo respiraba directamente, pero le serviría para asustar al matón.

-No me vuelvas a llamar muñeca, lo detesto. -finalizó  metiéndose de nuevo en la clase y cerrando la ventana. -Ahora llegará ella, apuesto a que no tarda ni cinco minutos.

Ginger entró en el laboratorio como si la vida le fuese en ello. Sabía perfectamente que la causante de la explosión estaba allí y que era su hermana. Ginger y Marilyn eran hermanas, o así se denominaban entre ellas, puesto que no se parecían físicamente. Ginger, como ya se ha dicho era pelirroja en cambio su hermana tenía el pelo castaño, casi negro y cortado a la altura del cuello. Solamente coincidían en el color de sus ojos, pero siendo los de Ginger redondos y expresivos, mientras que los de Marilyn rasgados y algo caídos.

-¿Te has vuelto loca, Marilyn? -cuestionó la mayor a modo de saludo bajo el umbral de la puerta.
-Claro que no. Ya sabes que nací así. -contestó la aludida sin mirar a la dirección de la que provenía la voz.
-¿Es que pretendes que te vuelvan a castigar?
-Puf… Tampoco sería importante, ya estoy acostumbrada. Además esta vez fue él el que empezó a… -habló dejando a la mitad lo que decía ya que había fijado sus ojos en el acompañante que llevaba su hermana. -Valla… ¿no vas a presentarme a tu nuevo amigo, Gin-gi?
-Pero educación ante todo ¿no?. Mi nombre es Marilyn Sheridan, la hermana mala. Encantada. -se presentó con cierta sonrisilla maléfica que hizo que un escalofrío subiese por la espalda del chico.
Ginger desvía su mirada hacia Harry que, sorprendido, miraba la escena sin saber qué decir.
-Sí... esto... Marilyn, éste es Harry Potter. Harry, ésta es mi hermana Marilyn.
-Ha… Harry Potter… Encantado… -contestó él estrechando la mano de la castaña.
-Igualmente. -responde Marilyn, mirando de arriba abajo a Harry bajo la atenta mirada de su hermana.
-¿Eh? No me cambies de tema. ¿Se puede saber qué hacías? ¿En qué pensabas?
-En nada, simplemente actué. -contestó con tono de indiferencia.
-¿Qué simplemente actuaste? -volvió a preguntar la pelirroja empezando a desquiciarse con la actitud de la más alta de las dos. -¡Por el susto que me has dado casi me caigo de la escoba!
-¿Qué le voy a hacer? Yo soy una chica que actúa por impulsos. -reprochó ella volviendo a fijar la mirada en el chico.
-¡Marilyn! 
-¿Qué?
-No lo mires así.
-¿Así, como?
-¡No lo mires como si le hicieses un escáner!
-Es mi modo de mirar a los chicos guapos, y tu amiguito Harry es una monada. -contestó volviendo a mirarlo. -Aunque las gafas te las cambiaba.
-Gracias, supongo. -siguió él si entender mucho la escena.
-¡No seas tan descarada con la gente que no conoces!
-Vale mamá. Seré buena… -protestó con tono sarcástico.
-Si no es molestia. -dijo Harry intentando que las dos hermanas no comenzasen a discutir por su culpa. 
-Es que a mi me sobra lo que a mi hermana le falta. -concluyó para luego fijar la mirada en las escobas que ambos llevaban. -A ver si lo adivino: estabas en el campo de quidditch.
-Pues mira, por una vez tienes razón.
-Y ahí te has encontrado con Harry -continuó Marilyn, echando una mirada rápida al aludido.
-Sí, pronto serán las pruebas para el equipo de quidditch. -aclaró el moreno. -¿Y tú que haces aquí?
-Eso, aparte de hacer explotar cosas.
-Nah, lo de siempre, hermanita. Experimentos.
-¿Te gustan las pociones? -volvió a preguntar.
-Más que a un tonto un lápiz, expresión que por cierto nunca he logrado entender. Pero dejemos de hablar de mi, háblame un poco de ti, Harry. -volvió a hablar mientras se sentaba encima de una de las mesas para estar más cómoda..
-¿Qué te hable de él? ¡Por Dios Marilyn! ¡Qué es Harry Potter! ¡¿Cómo no puedes conocerlo?!
-Perdón si no me conozco todo el colegio. Eso es imposible.
-Pero una cosa es no conocer a todo él mundo y otra es no haber oído hablar de Harry Potter.  
-Venga, tranquilízate. Hoy estás de los nervios y te va a subir la tensión. -habló la castaña con tono de maestra de escuela.
-¡Cómo quieres que me tranquilice si me andas pegando estos sustos y siendo tan descarada con todo el mundo!
- Esto... Ginger... Creo que deberías tranquilizarte, no es para tanto. -dijo Harry intentando calmarla porque al final veía que pegaba a su hermana.
- Eso es porque no la conoces como yo -respondió Ginger, mirando severamente a su hermana.
- Ginger, tranquila -insistió él mirándola a los ojos a través de los cristales de sus gafas.
-Si lo sé… pero me preocupo… Mira, lo siento Marilyn. -La chica no sabía exactamente cómo pero, mirando esos ojos verdes, sentía que se le estaba pasando lentamente el enfado y como sus mejillas empezaban a arderla como si llegase demasiada sangre a ellas.
-Bah… si te conozco en el fondo eres una buena. 
-Pero no vuelvas a darme un susto como este. -repuso intentando deshacerse de los ojos del chico.
-Desde luego sois las dos muy… curiosas. -musitó él contento porque la acalorada conversación hubiese acabado.

Estaba algo extrañado ya que no comprendía como no había sabido de su existencia antes, con lo escandalosas que eran y siendo una de ellas a demás de su misma casa. Pero como decía la más alta de las dos conocer a todo el mundo era imposible. De todos modos ellas parecían muy distintas, no solo físicamente, si no en carácter. Si no se hubiesen llamado con el mismo apellido nunca hubiese imaginado que eran familia. Pero se las veía divertidas, por lo menos no eran desagradables.

-He quedado con unos amigos para ir a Las Tres Escobas. Si queréis podéis venir. -dijo educadamente.
-¿De veras? Nos acabamos de conocer. -preguntó la pelirroja.
-¿Qué más da? De algún modo habrá que conocer gente, hermanita.
-Venga, yo os invito seguro que a ellos les caéis bien.
-Me encantaría… ¿no seremos molestia? -insistió Ginger.
-No, no te preocupes y ven.
-Eso, tranquila, ábrete un poco al mundo. -le asegura Marilyn dándole un abrazo a su hermana, emocionando al propio Harry, y diciéndole al oído para que este no lo oyera bien -Por cierto, es realmente muy guapo, ¿tendrá novia? -y lanzando una mirada a Harry, que Ginger descifra como… ¿picardía?, se separa de ella.
-Eso no es asunto tuyo.
-Bueno, yo me voy que tengo cosas que hacer. Como huir antes de que llegue algún profesor gritándome: “¡Sheridan! ¡¿Que es lo que has hecho?!” o algo así. Os dejo solos, parejita -finalizó Marilyn lanzándole una última mirada a su hermana antes de desaparecer por la puerta, dejando a Ginger pensativa y a un Harry que no salía de su asombro.
- Ginger, no nos vamos a pasar aquí toda la mañana, ¿no?
- ¿Eh? No, claro que no -respondío ella, saliendo de sus propios pensamientos, que no creía que tuvieran nada que ver con su hermana.
-Ella se ha ido sin que le dijese la hora ni el lugar, ¿se lo dirás tú?
-Que remedio… ella no tiene solución.
-Me imagino, pero debe de ser divertido tener hermanos. -contestó con un deje de melancolía.
-Cambiando de tema, también he quedado con mis amigos para la salida a Hogsmeade, ¿quieres venir con nosotros? Si quieres, puede venirse tu hermana también. Seguro que les caeréis bien.
- Sí, podría estar bien.
- Estupendo.
- Pero, ¿no tenías entrenamiento?
- Sí, luego. Pero la excursión es por la tarde.
- Ah, vale. -dijo tímidamente. -Bueno tendremos que dejar las escobas en su sitio.
-Claro vamos. -concluyó él haciendo el ademán de marcharse.

Ambos comenzaron a caminar sin pronunciar ni una sola palabra, conocer gente era más difícil de lo que parecía y esos pasillos silenciosos no eran los más propicios para entablar una conversación coherente. Ginger era más tímida de lo que parecía cuando regañaba a su hermana menor. Cuando se enfadaba podía dar autentico miedo. Ya estaban saliendo a los terrenos del colegio directos a los vestuarios para dejar las escobas cuando hubo la oportunidad de volver a romper el hielo.

-Oye Ginger, si no fuera porque os apellidáis igual, cualquiera diría que no sois hermanas. -puntualizó él como curiosidad.
-Sí, me lo dicen mucho
-Es que sois muy diferentes, por lo que he visto. Ni físicamente ni en el carácter.
-Sí, como ella dice, la una tiene lo que a la otra le falta, pero te puedo asegurar que es mi hermana -responde ella, dirigiéndole una sonrisa.
-Te creo. -volvió a acabar la conversación
-Bueno, me tengo que ir a la biblioteca, tengo que terminar unas tareas que dejé atrasadas -dijo ella.
-Si quieres te acompaño, no tengo prisa -le ofreció Harry educadamente.
-No hace falta, tus amigos se preguntarán donde estás. Ya nos veremos luego… -intentó convencer la pelirroja.
-Entonces, ¿nos vemos en el pueblo? -preguntó Harry.
-Sí, claro, ¿a qué hora y dónde?
-A las cinco en punto en la Taberna de las Tres Escobas.
-De acuerdo, allí nos veremos -se despidió Ginger con una sonrisa y mientras se dirigía la biblioteca.

Harry emprendió el camino a su sala común, donde estaba seguro que le esperaban Ron y Hermione pacientemente aunque llevaba más retraso de lo esperado. 

“Las casualidades existen… conocer a alguien siempre es una de ellas.”

Continuará...

lunes, 11 de julio de 2011

La noche de las dos Lunas.



Título: La noche de las dos Lunas.

Género: Romance, drama, misterio.

Tipo: Fanfic de Harry Potter.

Parejas: (hasta nuevo aviso) HarryxOcxGinny, DracoxOc, RonxHermione, LunaxNeville.

Advertencias: Ocs PROTAGONISTAS, si no te gustan los Oc no leas, no queremos quejas luego.

Clasificación: por ahora +13.

Resumen: Ginger y Marilyn son unas hermanas que siempre han pasado desapercibidas por todos sus compañeros, parecían unas estudiantes más, con virtudes y defectos. Pero el destino quiere que los secretos que han estado guardando todo este tiempo salgan a la luz.

Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no son nuestros pertenecen a J.K Rowling.