lunes, 18 de julio de 2011

Capítulo 1: El primer encuentro.

“¿Crees en las casualidades? Yo sí, ellas son parte de lo inevitable…”

Era un día normal, como tantos otros días en la vida de una persona. Todo apuntaba a que no habría ningún sobresalto, ningún accidente, nada que hiciese ese día diferente ni del anterior ni del siguiente. Pero que ese día pareciese ser tan estereotípico era lo que resultaba más extraño de todo.

 Harry sobrevolaba el campo de quidditch horas antes del entrenamiento. Iba a dar la cuarta vuelta cuando, desde su posición, vio a una persona entrar al campo. Ésta se monta en la escoba y asciende a la altura de los postes de gol, observada todo el tiempo por Harry que, sorprendido por la habilidad en el manejo de la escoba del desconocido, decide observarle. Cuando éste terminó y hace un pequeño descanso, Harry se acercó un poco más y descubre que es una chica, concretamente de su propia casa. A causa de su larga melena pelirroja lo primero que pensó era que se trataba de Ginny, pero a medida que se la distancia entre ellos se acortaba iba dándose cuenta de que no era así. Aunque nunca había hablado con ella ni sabía de quien se trataba.
Al ver que no se atrevía a dar el paso, decidió presentarse.

-Buenos días. 
-Buenos días -respondió la chica.
-Creo que no nos hemos presentado. Soy Harry Potter, y tú ¿cómo te llamas?
- Me llamo Ginger Sheridan, ¿has dicho que te llamas Harry Potter?
-Sí, aunque me imagino que ya me conoces, ¿no?
- Sí, pero nunca me había atrevido a hablar contigo, como ves soy muy tímida.
- Ya veo.
Ginger le mira y le sonríe un poco avergonzada. Al ver su timidez, Harry le pregunta.
- ¿Es la primera vez que montas en una escoba?
- No, hace tiempo que lo hago.
- Pues se te da muy bien -le dijo sonriéndole Harry.

Ginger le devuelve la sonrisa agradecida apartando tímidamente sus ojos color miel.
En plena conversación llegó el estruendoso sonido de una explosión que casi hace caer a Ginger de su escoba y, sabiendo de dónde provenía, aterrizó de nuevo en el campo con Harry corriendo detrás de ella, preocupado y muy sorprendido.

-Es… espera… -intentó decirle siguiéndola como pudo.

***

Marilyn siempre estaba encerrada en el laboratorio de pociones haciendo experimentos. Difícilmente se la veía relacionarse con alguien que no fuese su compañera de cuarto o su hermana mayor. Parecía que el resto de personas la aburrían hasta la saciedad, en realidad todo menos los retos que se auto imponía le resultaba tedioso. Las pociones eran parte de esos retos, siempre quería hacer cosas nuevas.

Desvió sus ojos amarillentos a la ventana, le parecía haber escuchado algo. Se acercó sin ni siquiera dejar los frascos en la mesa. Unos veinte metros por debajo de ella uno de los matones que había en aquel colegio se metía con uno de sus compañeros de clase. 

-Ese chico siempre se mete en líos… -musitó pese a que sabía que desde esa altura no la escucharían. -¡Tú! -exclamó. -¿Por qué no te metes con alguien de tu tamaño?
-Ma… Marilyn… -dijo el chico que llevaba la misma corbata azul y rayada.
-Cállate un poco Alleric. 
-¿Te va a tener que salvar una chica? -se burló el otro.
-Lo de cállate también va por ti. -volvió a hablar la chica con tono de superioridad.
-¿Qué me vas a hacer, muñeca? 

Después de eso la chica se ocultó de nuevo en el interior de la sala pero solo para aparecer unos segundos después con una bolita negra en la mano izquierda. Soltó la esfera sin decir ni una sola palabra.

-¿Qué es esto? -preguntó el agresor agarrándola al vuelo con la mano.
-Cabúm… -susurró ella.

En ese momento la bola dio un fuerte y estruendoso estallido llenando todo el alrededor de un denso humo violeta. La bomba no era peligrosa, ella lo sabía puesto que la había echo con sus propias manos, solo tenía un gas que mareaba un poco al que lo respiraba directamente, pero le serviría para asustar al matón.

-No me vuelvas a llamar muñeca, lo detesto. -finalizó  metiéndose de nuevo en la clase y cerrando la ventana. -Ahora llegará ella, apuesto a que no tarda ni cinco minutos.

Ginger entró en el laboratorio como si la vida le fuese en ello. Sabía perfectamente que la causante de la explosión estaba allí y que era su hermana. Ginger y Marilyn eran hermanas, o así se denominaban entre ellas, puesto que no se parecían físicamente. Ginger, como ya se ha dicho era pelirroja en cambio su hermana tenía el pelo castaño, casi negro y cortado a la altura del cuello. Solamente coincidían en el color de sus ojos, pero siendo los de Ginger redondos y expresivos, mientras que los de Marilyn rasgados y algo caídos.

-¿Te has vuelto loca, Marilyn? -cuestionó la mayor a modo de saludo bajo el umbral de la puerta.
-Claro que no. Ya sabes que nací así. -contestó la aludida sin mirar a la dirección de la que provenía la voz.
-¿Es que pretendes que te vuelvan a castigar?
-Puf… Tampoco sería importante, ya estoy acostumbrada. Además esta vez fue él el que empezó a… -habló dejando a la mitad lo que decía ya que había fijado sus ojos en el acompañante que llevaba su hermana. -Valla… ¿no vas a presentarme a tu nuevo amigo, Gin-gi?
-Pero educación ante todo ¿no?. Mi nombre es Marilyn Sheridan, la hermana mala. Encantada. -se presentó con cierta sonrisilla maléfica que hizo que un escalofrío subiese por la espalda del chico.
Ginger desvía su mirada hacia Harry que, sorprendido, miraba la escena sin saber qué decir.
-Sí... esto... Marilyn, éste es Harry Potter. Harry, ésta es mi hermana Marilyn.
-Ha… Harry Potter… Encantado… -contestó él estrechando la mano de la castaña.
-Igualmente. -responde Marilyn, mirando de arriba abajo a Harry bajo la atenta mirada de su hermana.
-¿Eh? No me cambies de tema. ¿Se puede saber qué hacías? ¿En qué pensabas?
-En nada, simplemente actué. -contestó con tono de indiferencia.
-¿Qué simplemente actuaste? -volvió a preguntar la pelirroja empezando a desquiciarse con la actitud de la más alta de las dos. -¡Por el susto que me has dado casi me caigo de la escoba!
-¿Qué le voy a hacer? Yo soy una chica que actúa por impulsos. -reprochó ella volviendo a fijar la mirada en el chico.
-¡Marilyn! 
-¿Qué?
-No lo mires así.
-¿Así, como?
-¡No lo mires como si le hicieses un escáner!
-Es mi modo de mirar a los chicos guapos, y tu amiguito Harry es una monada. -contestó volviendo a mirarlo. -Aunque las gafas te las cambiaba.
-Gracias, supongo. -siguió él si entender mucho la escena.
-¡No seas tan descarada con la gente que no conoces!
-Vale mamá. Seré buena… -protestó con tono sarcástico.
-Si no es molestia. -dijo Harry intentando que las dos hermanas no comenzasen a discutir por su culpa. 
-Es que a mi me sobra lo que a mi hermana le falta. -concluyó para luego fijar la mirada en las escobas que ambos llevaban. -A ver si lo adivino: estabas en el campo de quidditch.
-Pues mira, por una vez tienes razón.
-Y ahí te has encontrado con Harry -continuó Marilyn, echando una mirada rápida al aludido.
-Sí, pronto serán las pruebas para el equipo de quidditch. -aclaró el moreno. -¿Y tú que haces aquí?
-Eso, aparte de hacer explotar cosas.
-Nah, lo de siempre, hermanita. Experimentos.
-¿Te gustan las pociones? -volvió a preguntar.
-Más que a un tonto un lápiz, expresión que por cierto nunca he logrado entender. Pero dejemos de hablar de mi, háblame un poco de ti, Harry. -volvió a hablar mientras se sentaba encima de una de las mesas para estar más cómoda..
-¿Qué te hable de él? ¡Por Dios Marilyn! ¡Qué es Harry Potter! ¡¿Cómo no puedes conocerlo?!
-Perdón si no me conozco todo el colegio. Eso es imposible.
-Pero una cosa es no conocer a todo él mundo y otra es no haber oído hablar de Harry Potter.  
-Venga, tranquilízate. Hoy estás de los nervios y te va a subir la tensión. -habló la castaña con tono de maestra de escuela.
-¡Cómo quieres que me tranquilice si me andas pegando estos sustos y siendo tan descarada con todo el mundo!
- Esto... Ginger... Creo que deberías tranquilizarte, no es para tanto. -dijo Harry intentando calmarla porque al final veía que pegaba a su hermana.
- Eso es porque no la conoces como yo -respondió Ginger, mirando severamente a su hermana.
- Ginger, tranquila -insistió él mirándola a los ojos a través de los cristales de sus gafas.
-Si lo sé… pero me preocupo… Mira, lo siento Marilyn. -La chica no sabía exactamente cómo pero, mirando esos ojos verdes, sentía que se le estaba pasando lentamente el enfado y como sus mejillas empezaban a arderla como si llegase demasiada sangre a ellas.
-Bah… si te conozco en el fondo eres una buena. 
-Pero no vuelvas a darme un susto como este. -repuso intentando deshacerse de los ojos del chico.
-Desde luego sois las dos muy… curiosas. -musitó él contento porque la acalorada conversación hubiese acabado.

Estaba algo extrañado ya que no comprendía como no había sabido de su existencia antes, con lo escandalosas que eran y siendo una de ellas a demás de su misma casa. Pero como decía la más alta de las dos conocer a todo el mundo era imposible. De todos modos ellas parecían muy distintas, no solo físicamente, si no en carácter. Si no se hubiesen llamado con el mismo apellido nunca hubiese imaginado que eran familia. Pero se las veía divertidas, por lo menos no eran desagradables.

-He quedado con unos amigos para ir a Las Tres Escobas. Si queréis podéis venir. -dijo educadamente.
-¿De veras? Nos acabamos de conocer. -preguntó la pelirroja.
-¿Qué más da? De algún modo habrá que conocer gente, hermanita.
-Venga, yo os invito seguro que a ellos les caéis bien.
-Me encantaría… ¿no seremos molestia? -insistió Ginger.
-No, no te preocupes y ven.
-Eso, tranquila, ábrete un poco al mundo. -le asegura Marilyn dándole un abrazo a su hermana, emocionando al propio Harry, y diciéndole al oído para que este no lo oyera bien -Por cierto, es realmente muy guapo, ¿tendrá novia? -y lanzando una mirada a Harry, que Ginger descifra como… ¿picardía?, se separa de ella.
-Eso no es asunto tuyo.
-Bueno, yo me voy que tengo cosas que hacer. Como huir antes de que llegue algún profesor gritándome: “¡Sheridan! ¡¿Que es lo que has hecho?!” o algo así. Os dejo solos, parejita -finalizó Marilyn lanzándole una última mirada a su hermana antes de desaparecer por la puerta, dejando a Ginger pensativa y a un Harry que no salía de su asombro.
- Ginger, no nos vamos a pasar aquí toda la mañana, ¿no?
- ¿Eh? No, claro que no -respondío ella, saliendo de sus propios pensamientos, que no creía que tuvieran nada que ver con su hermana.
-Ella se ha ido sin que le dijese la hora ni el lugar, ¿se lo dirás tú?
-Que remedio… ella no tiene solución.
-Me imagino, pero debe de ser divertido tener hermanos. -contestó con un deje de melancolía.
-Cambiando de tema, también he quedado con mis amigos para la salida a Hogsmeade, ¿quieres venir con nosotros? Si quieres, puede venirse tu hermana también. Seguro que les caeréis bien.
- Sí, podría estar bien.
- Estupendo.
- Pero, ¿no tenías entrenamiento?
- Sí, luego. Pero la excursión es por la tarde.
- Ah, vale. -dijo tímidamente. -Bueno tendremos que dejar las escobas en su sitio.
-Claro vamos. -concluyó él haciendo el ademán de marcharse.

Ambos comenzaron a caminar sin pronunciar ni una sola palabra, conocer gente era más difícil de lo que parecía y esos pasillos silenciosos no eran los más propicios para entablar una conversación coherente. Ginger era más tímida de lo que parecía cuando regañaba a su hermana menor. Cuando se enfadaba podía dar autentico miedo. Ya estaban saliendo a los terrenos del colegio directos a los vestuarios para dejar las escobas cuando hubo la oportunidad de volver a romper el hielo.

-Oye Ginger, si no fuera porque os apellidáis igual, cualquiera diría que no sois hermanas. -puntualizó él como curiosidad.
-Sí, me lo dicen mucho
-Es que sois muy diferentes, por lo que he visto. Ni físicamente ni en el carácter.
-Sí, como ella dice, la una tiene lo que a la otra le falta, pero te puedo asegurar que es mi hermana -responde ella, dirigiéndole una sonrisa.
-Te creo. -volvió a acabar la conversación
-Bueno, me tengo que ir a la biblioteca, tengo que terminar unas tareas que dejé atrasadas -dijo ella.
-Si quieres te acompaño, no tengo prisa -le ofreció Harry educadamente.
-No hace falta, tus amigos se preguntarán donde estás. Ya nos veremos luego… -intentó convencer la pelirroja.
-Entonces, ¿nos vemos en el pueblo? -preguntó Harry.
-Sí, claro, ¿a qué hora y dónde?
-A las cinco en punto en la Taberna de las Tres Escobas.
-De acuerdo, allí nos veremos -se despidió Ginger con una sonrisa y mientras se dirigía la biblioteca.

Harry emprendió el camino a su sala común, donde estaba seguro que le esperaban Ron y Hermione pacientemente aunque llevaba más retraso de lo esperado. 

“Las casualidades existen… conocer a alguien siempre es una de ellas.”

Continuará...

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